Friday, October 27, 2006

The Boys Of Summer

El otro día escuché Aire en la radio. Aire no la de Mecano, sino una que tocaban en Música Libre. Trampolín a Menta y Limón, que la bailaba el que me gustaba y que hoy pasa todos los días por delante de mi parabrisas para dejar a su hija en el colegio, pues casó con ex compañera de curso con hermana modelo célebre. La vida es divertida, pero ya no me gusta. Algunas mañanas se ve como sucio. Aire es el tipo de canción que uno sólo escucha hoy por hoy en un matrimonio, si tiene buena música. Lo que a su vez me hizo saltar al matrimonio de la Caro y a Este Amor Ya No Se Toca de Yuri. Y me acordé de la última vez que bailé con JFC fuera del tiempo y del espacio. Porque eso fue lo que hicimos luego de que no habiendo hablado por mucho tiempo, se sentara a mi lado y a modo de simple catch-up, haya escupido que hacía un mes lo habían operado y que era cáncer. Yo no le conté a la Caro hasta que volvió de su luna de miel. Pero lloré todo el día siguiente. Hay cosas que dan pena independiente de cómo y dónde y con quién uno esté y nadie puede decir nada. Es como un derecho humano.

Pensé en lo que hablamos con el Tan en un chateo hace varias semanas. El estaba leyendo mi post de los What If y me preguntó quién era JFC. “Fueron buenos tiempos esos”, me dijo. Yo le dije que sí, aunque a veces los sobrevaloraba. El me dijo cómo lo veía desde su perspectiva. Según él, JFC, Cabezón, Sampa y Chola, a.k.a. Los Atarvanes, fueron por un tiempo como el pegamento de nosotros tres como hermanos y que desaparecidos ellos, algo se fue. Nunca lo vi así. Aunque si le doy unas vueltas, creo que puedo entenderlo. Ese verano estábamos los tres en el mismo lugar, una extraña coincidencia, sin dejar de lado que era el lugar de moda. Me acuerdo cuando nos encontrábamos en la playa, era como un sentimiento diferente a lo que ocurría dentro de la casa. Como un lazo que no habíamos sentido antes.

Al principio la Caro estaba indignada por mi affaire con el amigo de su novio. Aunque al final el cuento duró varios años, entre pitos y flautas. Más pitos que flautas. Ella siempre dice que sólo la respeté desde ese momento y porque no me quedaba otra. Pero eso no es tan así. Es verdad que yo no la pescaba mucho de chica y que me gustaba jugar sola más que con ella, pero es que era muy re hincha pelotas y se picaba y pegaba fuerte. Lo que sí ocurrió es que dejé de verla como hermana chica, porque creció ante mis ojos y se convirtió para siempre en mi hermana amiga. Fue ahí que nació lo que tenemos ahora. También el Tan creció ante mis ojos en ese tiempo. Y lo que pasó es que los Atarvanes lo trataban como grande, lo integraban a las conversaciones y hasta lo invitaban a carretear cuando salían solos. ¿Se acuerda, don Bervim? Hubo episodios memorables en La Playa, como la noche del Didi Seven, cuando el Tan salía con doña Just Good Friends.

Creo sí, que hubo un tiempo en que los tres vivimos muy conectados y los Atarvanes fueron claramente una pieza esencial de ese universo, que tuvo un tiempo y un espacio particular y único para todos. Con el paso de los años, cada uno, Atarvanes incluidos, seguimos por nuestra cuenta y armamos nuestras vidas. Quienes los reemplazaron fueron los elegidos para crecer y formar una familia, pues esa vida no podía ser eterna. Lo que no quita que uno pueda recordarla y a veces sentir ganas de vivirla otra vez, especialmente si hay una canción de por medio. Pero no hay que olvidar que al final el tiempo nos ha dado la razón. Salvo por Cabezón. Aunque justamente era Cabezón el que no terminaba de calzar en ese grupo.

Es posible que se haya perdido esa forma de conectarnos que teníamos cuando ellos estaban entre nosotros. Pero yo creo que ahora tenemos una unión mucho más profunda. Nuestros hijos son primos y sus vínculos nos envuelven a nosotros también. Que mis hijos quieran y extrañen a los hijos de mis hermanos es emocionante. Que las niñitas se abracen como locas pese a verse una vez al año o que Pedro haya adorado a primera vista a la Caro no puede ser una pura casualidad. Otra cosa es que hoy nos miramos y nos hablamos como gente grande, con luces y sombras y vidas con escala de grises. Y mal que mal, sabemos que tarde o temprano sólo nos tendremos a nosotros. Podría sonar a pretexto, pero quizás hoy día el vínculo sufra más por la distancia a que estamos y por las pocas instancias que tenemos para juntarnos los tres. Al final hace años que no pasamos una Navidad o un cumpleaños juntos. Si costó mucho rato juntar a los cinco primos para una simple foto. Pienso que sí, que es cierto que ahora somos mucho más células y que aún si nos juntáramos todos no volvería a ser lo mismo. Pero también creo que si viviéramos en la misma ciudad, tendríamos más posibilidades de pasar tiempo los tres y ponernos al día y recobrar en algo eso de cuando teníamos veinte.

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