Friday, May 04, 2007

Egos Aerostáticos

Porque la gente lo pide, aquí vuelvo. Hace poco me incorporé a la Internacional Fiscal Association, algo así como el Consejo Jedi de los tributaristas internacionales de Santiago. Aunque no es más que una tribu de seres comunes y corrientes, no distintos de ningún otro profesional que haya estudiado más de 5 años, y en la cual hay gente que sabe y hay gente que hace como que sabe y todos se saludan con sonrisas y comen galletas juntos, aunque al día siguiente se pelean a los mismos clientes. Así que partí el otro día a mi primera reunión, secundada por mi Young Padawan, que es un balazo, probablemente más inteligente que yo, pero yo soy más vieja, así que la llevo. Lo pasamos harto bien en la pega, los brainstormings en mi oficina se están haciendo famosos, tanto que ahora varios quieren ser tax people y han pedido trabajar conmigo. Tal vez deba admitir que estoy hot. Yo me rio. Y me asusto. El Pelao me dijo hace un tiempo, cuando le conté que soy como una mezcla entre Dr. House y Médium, que eso es Poder. Y te va a gustar, me dijo, riéndose con la socarrona. Y sí. Se hace lo que yo digo, no se hace lo que no apruebo y hasta los más bacanes deben rendirse a mi juicio. A veces me hacen sentir casi como un oráculo. Eso es mucha responsabilidad. Cómo no me voy a asustar.

Antes nunca tuve que estar en una de estas asociaciones, porque tenía el respaldo de la firma. Ahora en cambio, sé que algunas cosas me tienen que importar más o debo hacer como que es así. En estas reuniones se discuten temas técnicos, áreas grises y problemáticas de interpretación. O sea, se puede crear. Y cada uno aporta con lo que puede. A mí me pasa que aunque estoy ahí y participo y todo, como que almismo tiempo me desdoblo y me pongo a observar el cuadro y a pensar cosas. Por ejemplo, que todo lo que estamos hablando son construcciones sobre inventos de alguien. Que trepamos y nos descolgamos por un puro andamiaje de ideas y conceptos que se entrelazan formando un universo que es de mentira. A veces me sorprende la inmaterialidad de lo que hago. No queda en ninguna parte y sin embargo existe y sirve.

La vecina de la casa del lado intentó suicidarse hace un par de semanas, luego de hacer una extraña hoguera en el jardín. Ella es brasilera y llegó trasladada por una transnacional alimenticia junto con su marido, que trabajaba en la misma compañía. Ambos hablaban poco, compartían la nada con los vecinos y a él sólo se le veía cuando salía a la calle a limpiar su moto y las llantas de aleación de su auto. Los domingos de sol instalaban sus laptops en la terraza y trabajaban juntos. O eso pensaban que hacían. Hace un par de meses él desapareció del mapa. No hay hijos. Unos días antes del episodio, ella había encarpado el jardín y dado una fiesta. Al día siguiente me fijé que la fiesta había sido de brujas y que había varios esqueletos de plástico colgando de las plantas. Ya, puede que esté hilando fino, pero me pregunto por qué no vuelve a su país, donde está su gente. Pero no quiere y al parecer piensa que estará mejor si se centra en su trabajo. Cosas como estas también me hacen pensar. Por ejemplo, en cuando me encuentro con algunas de las señoras de mis compañeros y me cuentan de lo capos que han llegado a ser, de cuánto los admiran y de lo tanto que trabajan. De lo importantes que son y de la presión que soportan. Bah, yo hago lo mismo y trabajo y luego me voy a mi casa y sigo siendo la misma de siempre. No necesariamente mejor.

Ayer tuve dos experiencias increíbles. Una con banqueros top de NY; la otra, con abogados ingleses de alta alcurnia, en el proyecto que nos salvará, o quizás debiera decir, que nos debería salvar, de alumbranos con velas todo este invierno. Sería una mentira negar que es rico recibir reconocimientos. Hace muy bien. Es la raja saborear nuestros éxitos; mucho más cuando cosechamos el fruto de nuestros esfuerzos. Y está muy bien que seamos nuestros mejores groupies. El punto es qué hacemos con todo eso. En qué cajón de los gabinetes de nuestro ser lo ponemos. Y qué tanto de ello nos creemos. No es no tomarse en serio. Aunque sí lo es un poco, y está bien también. Lo que pasa es que los aplausos y las aclamaciones de hoy no son para siempre. Todo este asunto del buen feedback, de mis padawanes que se pelean por trabajar conmigo me ha hecho pensar en Pelao y en Jorge, cuando les iba a hacer preguntas y lo primero que hacían, lejos de responderme de memoria, era tomar la ley, volver a leerla, por milésima vez y sólo ahí contestar. Incluso a veces con un “no lo sé.” Y en Hans P., lo más top que hay en su campo, cuando decía, así, hablando bajito y sin estridencias, que podría estar equivocado, pero... y lanzaba una solución perfecta al problema que nos quebraba la cabeza a todos. No era falsa modestia, era otra cosa. Y se me vino a la cabeza Salinger, con eso de que más vale vivir humildemente por una causa que morir noblemente por ella. A veces pienso que lo que la gente llama la vida real no es en verdad la vida real. Porque al final, todo esto no es más que trabajo. Tan malo que te pagan para que lo hagas, como decía la Carola. No, yo no creo que sea una cosa tan mala. Pero no es más que un medio. Lo que realmente me importa está en otra parte. Y todo esto me ha hecho pensar que quizás, junto con hacernos los despiertos mientras seguimos soñando y nos pagan por ello, como dice Cancino, debiéramos repetirnos, todos los días antes de salir de casa y antes de dormirnos en la noche, Stay Humble. Oración, mantra, slogan, lo que sea, pero es bueno aferrarnos a algo que nos ayude a mantener los pies en la tierra. Twice the pride, double the fall, dijo Dooku y tuvo toda la razón.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home