Monday, February 13, 2012

Winter Is Coming

"No se piensa en el verano cuando cae la nieve", escribió mi amigo Pancho hace unos días. Yo, que tenía el cuerpo y el alma al sol, me reí. Era como si mi verano fuera a durar años.

A pesar de la fidelidad de la serie al relato, leer Game Of Thrones agrega algo que a mí me ha hecho amar el libro: poder profundizar en los personajes y en sus circunstancias. Tyrion Lannister es todavía más bacán. Catelyn Tully Stark es mucho más imperfecta y contradictoria. Y uno no puede sino pensar que el pobre Ned Stark nació bajo el signo del niño anciano, como varios de nosotros. Nacer en una familia cuyo lema es "Se acerca el invierno" no es muy diferente de venir al mundo en familias de patriarcas hijos del rigor con mentalidad de terremoto, que nos enseñan a tomarnos todo demasiado en serio y a ir por la vida con el corazón envuelto en alambres de púas. O cota de malla.

Volver a trabajar es en realidad más que volver a la oficina. Es el verdadero cachuchazo con la realidad. El retorno a una vida en que el sol no sale todos los días. Un mundo en que las ventanas no te catapultan a un bosque pintado de todos los verdes posibles y tu baño no te regala una ducha mirando el cielo sin nubes entre un millón de pequeñas hojitas. Volver a trabajar es regresar a un universo con menos estrellas y a veces sin luna. Un mundo en que no hay tiempo para tazones de café en tu bosque de dioses. No hay ya olor a leña que te rescate. Volver a trabajar es volver a llevar reloj. Y es no poder escapar de esquemas odiosos y ajenos. Es tener que enfrentar otra vez los claroscuros de nuestras vidas. Ver otra vez el mundo en escala de grises. Volver a trabajar es sentarse a esperar que llegue el invierno, rogando por encontrar la fuerza que se necesita para no marcharse. Volver a trabajar es obligarse a recordar que a veces hace mucho frío. Que el sol no siempre logra derretir la escarcha y que algunas nieves son eternas. Y es saber que al otro lado del muro están Los Otros.

Mi amiga Jime me escribió anoche tarde. Había terminado una nueva pintura. Tan suya. Tan mía, también. En un bosque, de noche, hay una torre oscura, con una pequeña luz encendida dentro. Los árboles son verdes y el cielo parece revuelto, pero es de color Azul Ultramar. Yo la miro maravillada, mientras Sir Paul canta once there was a way to get back homeward y me quedo pensando, con pena. Echando de menos. Al apagar la luz pienso que mi piel todavía tiene ese color caneloso que regala el sol de la montaña. Pero siento que mi alma está un poco desteñida.

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