Thursday, March 30, 2006

Changes

Changes are taking the pace I’m going through, dijo mi querido Bowie hace mucho tiempo. Y yo hoy digo que odio los cambios. Y sí. Puede sonar a Oscar The Grouch, pero verán que no es él quien habla.

Nunca me cambié de colegio, nunca me cambié de carrera. Ni de país, ni de ciudad. Casi lloro al dejar mi oficina chica y luminosa por una gigante y oscura. Nunca he cambiado de trabajo. Me siento bien en el ritual de lo habitual. Necesito mis costumbres y repeticiones. Igual que los niños, igual que los viejos. No me gusta la rutina, pero sí el repetir una y otra vez todo lo que me gusta. Que no es lo mismo. Adoro que todo lo que me gusta siempre se esté repitiendo, día tras día ante mis ojos. O mis oidos.

Mi querido Rito duró más o menos tres años. Acabo de asistir al último. Justo cuando me preparaba para pasar las tardes de este invierno mirando llover por la ventana, tomando té y escuchando buenas canciones. Se sentía igual que encerrarse a revisar discos, en el colegio, en la universidad, con esa amiga o amigo de la vida, o con el amor de la vida. Fueron tantas las canciones que volvieron a aparecer, trayendo una avalancha de recuerdos, a veces buenos, a veces malos, jamás indiferentes. Esas que me iluminaron días, las que me hicieron reirme, las me rompieron el corazón otra vez; las que me lo aceleraron y las que trajeron las mariposas de vuelta. Y están todas las nuevas, las que crearon los recuerdos para el futuro. Y están los conciertos. Están los conciertos. Todo ese universo que volvió, desparramándose para siempre.

Desde chica odié los cambios y es porque me siento sola y perdida sin mis ritos. Voy a extrañar tanto mis dos horas de viaje en la máquina del tiempo. Porque nunca será lo mismo poner uno las canciones. La mayor gracia, el encanto, la magia, era el no saber lo que seguía. Y que eso ocurriera día tras día. De esto se trataba el dominio del oído sobre todos los sentidos: colgar el alma en lo alto de un asta y dejarla flamear al viento que viniera. Reclamar de vuelta la magia de la vida. Ver el sol una vez más antes de morir. Y volar. Y aunque estrictamente hablando no es el final, no puedo dejar de sentir que un pulso acaba de detenerse. En … síntesis, Magic and Loss. Pero no. Tal vez no haya vida en Marte, pero aquí sí. La vida se abre camino, nosotros estamos vivos.

Some Guys Have All The Luck

Some guys have all the luck
Some guys have all the pain
Some guys get all the breaks
Some guys do nothing but complain

JP llegó al curso en segundo año. Era callado al principio, siempre estaba como mirando desde lejos, observando detrás de sus ojos gigantes. Lo reconocí porque era uno de los que ayudaban en misa. Creo que iba casi todos los días. Algunos lo creían, pero yo nunca pensé que sería cura.

Yo todavía siento que esto nunca debió pasar. A veces hasta me parece que no pasó. Un día Lunes, de vuelta de vacaciones de septiembre, nos dijeron. Y esa misma noche fuimos a despedirlo al aeropuerto. Nadie sabía muy bien qué decirle, ¿suerte? bien poco atinado; ¿nos vemos pronto?, quién podía saberlo; un abrazo y probablemente una tonta talla, ya no me acuerdo bien como fue. Sólo me acuerdo que me sentía triste.

Fue entonces cuando decidí convertirme en algo así como sus ojos aquí. Yo le contaba todo lo que pasaba en la vida que había dejado. Eran cartas muy largas, y me entretenía escribiéndolas. No le respondía a nadie, pero yo me lo imaginaba leyéndolas, riéndose, seguro y sabía que estaba haciendo lo que los amigos deben hacer. Inesperadamente, para Navidad me escribió. Me reí mucho. Pero me dio pena también. Esa fue la única vez. Nadie más recibió nada, nunca más. Yo seguí por mucho tiempo escribiéndole de lo que pasaba aquí y me iba enterando de las cosas que estaba pasando allá.

Un día JP volvió. Me pareció por un momento como si nada hubiera cambiado. Era él, con los ojos de siempre, la risa de siempre, todo lo de siempre. Pero fue un pensamiento idiota. El ya no era como todos nosotros. Por fuera, podía verse sólo un poco diferente, pero por dentro no; uno sentía muchas ganas de saber cómo era ahora la vida para él, qué sentía, qué pensaba. Nadie se atrevía a preguntar y yo menos.

En la época que JP llegó, yo estaba muy triste. Un día nos sentamos juntos en una clase. El, que no era tonto y sabía mirar a su alrededor, comenzó a hacerme preguntas y yo a responderlas, al principio en forma más bien mecánica. Escribí partes de esa conversación alguna vez. Fue muy bonita. En la hora veinte que duró la clase, hablamos de mil cosas. Cosas que eran importantes en ese tiempo, y que lo son más ahora, tantos años después.

Un día en la tarde yo venía de Providencia y decidí pasar a misa. Pensé que era una casualidad, pero de pronto me di cuenta que estaba él y varios de sus amigos más cercanos. Era una despedida. Nadie más lo sabía, pero tenía que volver a Houston.

Esta vez las cosas no fueron como la primera vez. Ya no había tanto optimismo. El tiempo pasó, nosotros salimos de la universidad, de hecho. Y el día de la ceremonia de egreso de quinto, él estuvo ahí. Fue bonito, pero fue triste, porque cuando vino a saludarme, me costó reconocerlo. Salvo por los ojos. Yo no podía dejar de pensar en lo irónico que era que mientras nosotros estábamos celebrando el recibir nuestro certificado de vida por delante, él tenía los días contados. Pero como JP era tremendo, se las ingeniaba para reírse, incluso de sí mismo y estar siempre por ahí. Incluso en el cumpleaños del Flaco. Esa noche y esto no se me va a olvidar jamás, yo bailaba como si el mundo se fuera a acabar. De pronto me encontré con los ojos de JP al fondo del jardín. Me rompió el corazón. A veces trato de imaginarme lo que habrá estado pensando mientras nosotros nos reventábamos, tomado y fumando como se hace a esa edad. Me sentí culpable. Pero también a veces he pensado que él quería estar ahí, quien sabe, si se aferraba a la vida a través de nosotros. No lo sé. Nunca lo sabré, pero esa mirada me va a doler toda la vida.

JP se murió a los 23. Eso es lo que no debió pasar. Fue un primer viernes de mes. Estuve con él diez días antes. Me avisaron para ir a verlo a la clínica. Decían que estaba insoportable, que había terminado con su novia, que peleaba con todos, pero ese día se veía tranquilo. El muy maldito todavía conservaba el humor. Yo me sentía una estúpida, no sabía qué decirle, sabiendo que no iba a verlo nunca más, pero aún así le hablé de cosas que francamente para él no tenían ninguna importancia. Pensé que ya tendría bastante de despedidas densas y tal vez lo que quería era justamente escuchar mis tonteras.

No hay muerto malo, eso lo sabemos y hasta puedo imaginarlo a él mismo diciéndolo. Pero era de verdad un tipo increíble. Yo lo pienso ahora y veo que lo de JP nos enseñó un buen par de cosas. Sobre todo, darnos cuenta que no éramos inmortales. Que las cosas sí pueden salir mal. Incluso a los 20. A mí me parece una suerte haberme tropezado con él. Después de esa conversación en clase me di cuenta que algunas cosas tenían que cambiar y yo fui más feliz. Eso se lo debo. Pensar que nunca he ido a visitarlo. Me doy cuenta que nunca he querido hacerlo realmente. Porque, como decía antes, a veces de verdad siento que no pasó. Y de alguna manera no pasó.

Friday, March 24, 2006

Naturaleza Muerta

Trabajar en las grandes ligas, donde se hacen los más grandes negocios y donde hasta la cifra más chica tiene incontables ceros puede ser muy entretenido. Uno se mueve en un ámbito que desde luego no está abierto a toda la gente, conoce lugares, personas importantes e interesantes, guarda secretos y da consejos que luego salen en el diario.

Es más fascinante al principio, pues como en todo, al avanzar en las escaleras del poder, uno comienza a vislumbrar el otro lado de muchas monedas. Las sonrisas se vuelven muecas, los elogios potenciales emboscadas y las palmadas en la espalda pueden un día ser puñaladas. En un momento, el precio de crecer laboralmente se vuelve caro. Uno se ve atrapado entre la necesidad de avanzar, de quemar etapas y puentes y echarse a volar y el seguir viviendo en una esfera de tibia protección. Arriba o afuera, es la consigna y no hay más que hacer. Quedan atrás espacios, cosas y personas. Amigos. Para muchas personas, la esfera de protección suele estar constituida por afectos, antes que nada. Adquirir competencias, habilidades y destrezas es importante, pero no tanto como el desempeñarse en un medio donde las personas importan y los afectos y lealtades rigen los actos de todos. Pero eso no es real. Entonces, tan pronto como uno entra a su nueva oficina con ventana y puerta, cae en cuenta de lo solo que se ha quedado.

Sería muy fácil echarle la culpa a que soy mujer. Y puede ser que esa sea la razón de lo mal que lo he pasado en ese sentido desde que comencé a subir la escalera esa. Pero qué más podría haber hecho. He sido leal, he sido derecha, he hablado muchas veces más de la cuenta, tratando de explicar lo que en el trabajo es inexplicable simplemente porque las personas no importan. Todos somos instrumentos, herramientas para que otros ganen plata. Lucas más, lucas menos, al final uno agarra sólo migajas.

Y un día uno despierta y se encuentra con que debe tomar decisiones que antes no le correspondían, decir cosas que uno no siente y, en cierto sentido, ser lo que uno no es. O al menos aparentarlo, sin flaquear. Y ahí está el centro de todo. Volverse lo que uno no es.

A medida que fui ascendiendo fui dejando atrás antiguas amistades y perdiendo la posibilidad de hacer nuevas. Y con eso, dejé de conectarme afectivamente con las personas que me rodean todo el día. Hoy día tengo las mejores relaciones profesionales con ellos. Pero ya no vienen a contarme sus problemas o a pedirme consejos, como antes. La Maca, en su demente brillantez me dijo un día “Fran, déjate de excusas, tu problema es que todavía quieres que te quieran”. Y sí. Eso es. Me da pena que ya no me quieran como antes. Me da pena no poder agregar afectos a mi vida, me da pena no poder dar más.

El Pelao me contó esta semana sobre la tragedia familiar de su señora. Y a pesar de lo triste e impactante que ha sido el caso, a pesar de que ha contribuido a despertar a mi colon irritable, resulta que me he sentido inmensamente feliz de escucharlo, de hablar, de callarme, de sugerir, de aconsejar, dentro de lo que se puede. Me ha hecho recordar que me importan las personas, que me gusta ayudar, que me gusta escuchar, que me gusta ayudarles a encontrar sus propias respuestas. Puedo escribir una obra maestra de análisis, pero a pesar de esa satisfacción, no hay como dar de uno mismo. Que el Pelao me diga “Gracias por la oreja, me has dado excelentes ideas” me ha valido más que mil felicitaciones por un buen informe.

Esta pega es fascinante. Pero alienante. Aunque supongo que todas lo son, al final. Pero ha sido un buen regalo de cumpleaños el darme cuenta que todavía estoy ahí, que todavía me puedo preocupar de alguien a quien quiero. Que todavía me quiero preocupar de la gente, incluso de un jefe con pésima memoria y peor genio. Aunque Piscis, después de todo. Y el asunto es ese. Es por un momento volver a humanizarse, bajar a lo más básico y sin embargo más esencial, ser personas, mostrarnos vulnerables, pedir ayuda, entregar, escuchar, ayudar. No calcular, no analizar. Porque la verdad es que algunos problemas no tienen una solución. Y es en esos casos donde lo único que ayuda es un cuerpo humano capaz de querer.

Thursday, March 23, 2006

Diez Veinte




















1974. Rabia, me veía idéntica que a los 3
1982. La torta de tres pisos
1993. Johnny F. Cage y el equipo chino de Ping Pong
1998. Ultimo cumpleaños con Maiden
2000. Esperando a mi Magdi
2004. Pedro
1979. La Jime y la mano diabólica.
1980. Blondie
1992. Loveless
2006. La Invernada

Wednesday, March 22, 2006

Who's Gonna Ride Your Wild Horses



Barquillero, Tres Caballos, El Arabe y Majestad
Who could ride her wild horses?

Monday, March 20, 2006

Recurring Dream

Within myself there are a million things. Spilling over, falling out into a silent stream. Feel the warm wind touch me; hear the waters crashing, see my windows wiping clean, it's my recurring dream. Within myself a secret world returns. Over and over. Where the white flame of desire burns. Feel the warm wind touch me; hear the waters crashing, see my windows wiping clean. It's my recurring dream. Within myself there are a million things. Feel the warm wind touch me. Hear the waters crashing. See my windows wiping clean... it's my recurring dream

Friday, March 17, 2006

Ciudad Gótica

Wednesday, March 15, 2006

I Feel Good

Así como algunas canciones funcionan como agujeros negros o terribles Dementors, existe una clase de canción que me produce el efecto contrario. Me siento bien al escucharlas.


1. Distant Sun, Crowded House
2. Space Age Love Song, A Flock Of Seagulls
3. Beautiful, Marillion
4. God Only Knows, The Beach Boys
5. Somewhere In My Heart, Aztec Camera

Otras:

6. Freetime, Trashcan Sinatras
7. Recurring Dream, Crowded House
8. Two Of Us, Aimee Mann/Michael Penn
9. You’re The Storm, The Cardigans
10. In My Life, The Beatles
11. She’s Got A Way, Billy Joel
12. Fall At Your Feet, Crowded House
13. Four Seasons In One Day, Crowded House
14. Accross The Universe, Rufus Wainwright
15. Dulce Condena, Los Rodríguez
16. Stuck In A Moment, U2
17. Easter, Marillion

Tuesday, March 14, 2006

Starry Starry Night

Monday, March 13, 2006

Everything Is Good For You If It Doesn't Kill You

Nos conocíamos desde los 20.
Nos gustaba la misma música, las mismas bandas, la misma ropa.
Era rockero y era malo, pero qué buen compañero fue.
Estuvo en todos los grandes momentos. También en los malos. Sobre todo en esos.
Fuimos a los más inolvidables conciertos. Siempre juntos en el momento de la canción perfecta. Ya hace varios meses que no está. Aunque lo veo a cada rato, en todas partes.
Ni siquiera nos despedimos. Pudimos haber hecho un ritual. O tal vez habría sido más difícil.
No olvido su olor pegado en la ropa y el pelo.
La real verdad es que lo extraño mucho más de lo que pensé. Y sueño siempre con él.
La Magda me decía que me iba a morir cuando me veía con él. Ahora sólo me pregunta qué hace todavía en mi closet, esa cajetilla a medias.

Thursday, March 09, 2006

A New Hope

Cómo no voy a querer a mi amiga Denise. Cumpliendo promesas de verano, el Sábado llevé a la Magda a ver a Kudai en vivo. Y se me ocurrió decirle a la Deni que llevara a las niñitas. Así que luego de agotar los tickets (compramos los últimos que quedaban para el concierto de las 5 de la tarde), llegamos todas juntas, hicimos la fila de rigor y las niñitas fueron groupies por un día. Fuera de bromas, no es común que el ruido ambiente pre-concierto sea un coro de vocecillas infantiles. Enanos del siglo XXI que ante la demora por el caos de la entrada, gritaban “¡Injusticia, Injusticia!”.

Sobre Kudai se ha dicho que musicalmente no hacen nada nuevo y que al alero de una multinacional todo es más facil. Ja. Es muy difícil pensar en chilenos cantando canciones mejores que Ya Nada Queda o imponiendo himnos como Sin Despertar. El final del show fue apoteósico. Y era loco escuchar a un ejército de niñitas, que no pasaban los 10, cantando apasionadamente “aún recuerdo tus besos al despertar”. Domi, Pasqui y Magda se cantaron todas las canciones y terminaron bailando arriba de las butacas. La Deni y yo también. Y me acordé del concierto de Bowie, el 90.

Cuando salimos nos fuimos caminado, comentando con la Deni lo bueno que era que los niños se nutran de buen pop. Tal vez estemos presenciando el origen del levantamiento contra las canciones infantiles en tonos pastel y la purpúrea hostigosidad de Barney. Una cruzada contra el insulto histórico y programático a la oreja nacional perpetrado por el Axe, Rojito, Mayonesas y Gasolinas. Ah, y Christel, esa niña que según la Domi, tiene que trabajar porque sus papás son unos flojos.

El asunto es que me quedé pensando en lo difícil que la tiene el pop. Siempre menospreciado, por no decir basureado, pariente pobre, sobre todo por aquí. Ahora la moda es tomar clases de guitarra eléctrica, todos quieren ser rockeros on the go, como si se pudiera uno llegar y saltar a la noble de palo. Resulta que el pop, bien hecho, puede ser tan eterno como el rock. Por eso, bien podría Kudai ser una nueva esperanza. Me atrevería a decir que le están subiendo el pelo a la música local. Sobre todo en términos de asumir el hacer música con profesionalismo, con amor, pero con rigor y en serio; dejando atrás el chanterío y el desorden, las letras flojas, los cuatro acordes y la tradición de cantautores depresivos y desafinados que no se apellidan Yorke.

Cuando nos despedimos con la Deni, nos dijimos que this is merely the beginning. Kudai ha sido sólo el primero de una gran lista de conciertos a los que tendremos que llevar a nuestras niñitas. Qué duda cabe, la maternidad exige grandes sacrificios.

Wednesday, March 08, 2006

Recess Is Over

Friday, March 03, 2006

Time Goes By So Quickly

Nevermind




Las 10 cosas que me preocupan por estos días:

1. La radio de mi auto ha dejado de leer CDs quemados
2. No puedo encontrar el libro que una vez no me compré
3. ¿Vendrá alguien a mi cumpleaños si lo hago en la noche?
4. La RAE define melomanía como un “amor desordenado por la música”
5. Karen Carpenter era Piscis
6. Lou Reed es Piscis (Todavía)
7. Kurt Kobain era Piscis
8. No quiero que se muera McCartney
9. No quiero que cambien la hora
10. Sigo haciendo listas

Thursday, March 02, 2006

Con La Leche Templada y En Cada Canción


Hace unos meses, la Magda rayó con A Veces Vuelvo, de Catupecu Machu. Como a mí también me gustó, sobre todo por eso de desesperar con tanta calma y ser un extraño en el propio cuerpo, comenzamos a escucharla mucho en el auto. Un día, la miré por el espejo retrovisor y estaba cantándola, con la cara de un rockero malvado. Me mató. Pero lo mejor vino la noche en que la estaba acostando y nos pusimos a cantarla y de pronto me dice “Mamá, escuchaste?” Qué, le digo yo, “Salgo mucho, a veces vuelvo, ¿Dónde se quedará? ¿En un hotel?”

Otro día, por la tarde, estábamos en la terraza y estaba sonando Precious, de Depeche Mode. Entonces la Magda me dice “Mamá, esta es buena” ¿Te gusta? le digo yo y ella me responde “Sí, es para recordar” ¿Cómo? le digo y me responde con toda la naturalidad del mundo “Es para recordar, para recordar lo que te ha pasado en tu vida”.